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El jugador patológico

Por María del Refugio González Arias (México)

El juego organizado que implique ganancias o pérdidas de objetos o de dinero, ha estado presente en casi todas las culturas desde tiempos inmemoriales. Los babilonios, los etruscos, los chinos, los árabes, los europeos y los indios precolombinos tenían juegos de azar organizados socialmente.


Algunos historiadores señalan a Sófocles, en el sitio de Troya, como el primero que jugó a los dados. Aunque los dados inicialmente se utilizaron para interpretar los sueños y adivinar el futuro, pronto se hicieron muy populares entre todo tipo de personas, convirtiéndose en el primer juego masivo que se extendió por todo el mundo a todas las clases sociales.


Los griegos y, más tarde, los romanos, fueron grandes jugadores que popularizaron los dados y algunos otros juegos por todo el mundo de aquel entonces. Los unos llevaban el juego a extremos trágicos, se jugaban la vida en él y cuando perdían terminaban por suicidarse. La Biblia señala cómo los soldados romanos se jugaron a los dados el llamado Manto de Jesús.


Durante las cruzadas también llegó a tener el juego gran relevancia, tanto que el Rey Ricardo Corazón de León, lo restringió de sus trabajos, ya que perdían el control de su conducta en el juego.


Años después, el Rey Enrique VIII perdió en una partida de dados las campanas de la Catedral de San Pablo, así como en nuestro México el merenguero de la esquina se juega sus dulces en un volado de cara o sol.


Estos son algunos incidentes y anécdotas que sirven como prueba de la antigüedad del juego en el mundo.


Así podemos afirmar que el hombre ha jugado casi desde sus primeros pasos en el planeta, por aburrimiento, por entretenimiento y por placer.


Todos desde niños hemos jugado a todos los juegos y con el juego hemos adquirido amigos, ideas y hemos aprendido muchas cosas, pero una cosa es el juego para pasar un rato agradable y divertido y otra cosa es el juego destructivo y esclavizador que lleva a la persona a anular la voluntad del individuo, llevándolo a la ruina económica, familiar, social y a la total desesperanza, convirtiéndolo en un jugador compulsivo y patológico.


En la actualidad el juego es un gran negocio que sigue extendiéndose por todo el mundo, ya que a las naciones las favorece la gran recaudación de impuestos que éste les produce sin que les importe la angustia y la destrucción que siembran en el ser humano.


Los grandes casinos de Las Vegas en Estados Unidos, Niza, Francia, etcétera, están siendo manejados por la mafia y se mueven muchos y grandes intereses.


Las ferias de México, como son la de San Marcos en Aguascalientes, Texcoco, Puebla y Cuernavaca, son de gran atracción y de fama mundial. Estos eventos arrastran una enorme cantidad de gente a los palenques, las carreras parejeras, a los albures y a la simple lotería. Es así como, sin sentir, el jugador se ha involucrado poco a poco en ese mundo fantasioso, atractivo, apasionante y engañoso, que lo llevará a perder totalmente el control de su vida.


Existen también otros diferentes espectáculos deportivos, como son los hipódromos, galgódromos, las rifas, las quinielas deportivas, el Melate, el Progol, en fin. Detrás de todo esto existen grupos que obtienen ganancias fabulosas manejando la idea publicitaria de que puedes hacerte millonario por medio del juego. Es así que se cae en el mito que engancha al jugador.


Sigmund Freud decía que el jugador compulsivo siente gran pasión por el juego, ya que va muy ligado a la sexualidad y a los sentimientos de culpa.


El juego es un reto al destino.


Es una provocación de los dioses. El jugador compulsivo cree tener derecho a pedirle a los dioses su protección y que de una manera "mágica cumplan con se deber". La excitación del juego corresponde a la excitación sexual, a la emoción de ganar. Corresponde, pues, al orgasmo (y la emoción de matar), al poder. Por otra parte, la emoción de perder corresponde al castigo de castración y a la de ser muerto. No obstante que el juego es una lucha constante contra el destino, el jugador compulsivo amenaza matar al "destino" si le niegan los bienes que necesita y, por tal motivo, está dispuesto a correr el riesgo de ser muerto.


A continuación expondremos cómo una persona normal se convierte en un jugador adicto.


El juego compulsivo y el alcoholismo se encuentran muy ligados entre sí, con algunas características diferentes. Lo similar entre ambos es la dependencia psicológica.


Obsesión: idea, pensamiento, fenómeno psicológico, repetitivo, intenso.


Compulsión: acción, fenómeno bioconductual, emociones intensas, mandato interior amenazante.


El jugador compulsivo tiene una personalidad narcisista; utiliza el juego como un mecanismo de defensa para evadir su realidad y no ver los graves problemas que tiene en su esfera familiar, social y personal.


El desarrollo y la progresión del juego patológico generalmente siguen un patrón uniforme que comienza en la adolescencia, aunque se puede comenzar a cualquier edad. El tiempo que transcurre entre los primeros efectos y la pérdida total del control varía de uno a veinte años; lo común es que ocurra cinco años después de haber comenzado a jugar. Cuando el juego no se puede controlar se convierte en un círculo vicioso bastante grave, en un asunto de vida o muerte del cual será muy difícil abstraerse, ya que socialmente es bien aceptado, está a la disponibilidad de todos y ha sido en parte legalizado.


Considerables estudios y estadísticas nos permiten conocer que hay una clara diferencia en relación al sexo. Consistentemente hay un mayor número de hombres que mujeres jugadores compulsivos: la relación es de dos hombres por mujer.


A diferencia de lo que se creía en años anteriores, los jugadores compulsivos predominan entre la gente más joven y prevalece un muy alto porcentaje entre los adolescentes que, así, van deteriorando su conducta a lo largo de muchos años antes de solicitar ayuda.


La edad es pues un factor importante de vulnerabilidad, ya que está relacionado con el tiempo libre, la inconsciencia y el interés por las conductas de alto riesgo.


En el caso de las mujeres, predominan las amas de casa. La principal razón es la disponibilidad de su tiempo; en el juego encuentran una manera de superar el aburrimiento y la posibilidad de ganar dinero.


Finalmente los distintos factores sociofamiliares determinantes tienen gran importancia e influencia en el juego y en el comportamiento de la familia, como el consumo excesivo de alcohol, los problemas de relación en la pareja, los divorcios, la depresión y la soledad.


Hoy se considera que la familia juega un papel muy importante en el desarrollo y la progresividad del juego en los miembros de la familia, dada la predisposición psicológica, fruto de las experiencias de la infancia, la adolescencia y la juventud, marcados con profundos sentimientos de incapacidad, inferioridad y un sentido generalizado de ser rechazado pro los padres y compañeros. Ello produce un estado alterado en la identidad y, a partir de aquí, el proceso de la adicción para por tres etapas: Descubrimiento, Resistencia al cambio y Agotamiento.


Características del jugador adicto
1. Pérdida del control.
2. Poca disciplina familiar.
3. Permisividad sin límite.
4. Exposición al juego en la adolescencia.
5. Valores familiares que se apoyan en símbolos materiales: fama, éxito y dinero.
6. Sin motivación para el ahorro.
7. Tener parientes afectados por el juego.
8. Mujer: tener esposo alcohólico, infiel, ausente, que trabaja por compulsión.
9. Pensamientos irracionales.
10. Hombres adictos al alcohol.
11. Vacío existencial.
12. Necesidad de pertenecer a un grupo.
13. Soledad.
14. Con una inteligencia superior a lo normal.
15. El jugador compulsivo atraviesa por tres fases: la de ganancia, la de pérdida y la de desesperación.


Fase de ganancia: El jugador gana frecuentemente y así se va involucrando cada vez más, creyéndose un gran jugador. Siente una excitación antes y después del juego y tiene expectativas de que cada vez puede ganar más dinero. Se vuelve demasiado optimista y fantasioso, aumentando el monto de su apuesta cada vez más. En esta fase puede permanecer varios años.


Fase de pérdida: Se caracteriza por el optimismo que tenía en la fase anterior de ganancias y sólo piensa en ganar cada vez más dinero. No puede dejar de jugar. Ya no juega para ganar dinero sino para recuperar lo perdido. Recurre a préstamos con familiares y amigos; al no conseguirlos puede llegar al robo, a la estafa y al abandono del trabajo. Sus relaciones se ven muy deterioradas. Hay un gran cambio en su personalidad. Se vuelve mentiroso e irresponsable. Afirma que va a dejar de jugar para conseguir dinero a toda costa, pero "no puede" y nuevamente vuelve al juego.


Fase de desesperación: En esta etapa el juego alcanza gran intensidad. Los problemas se van agrandando. Al no cumplir las promesas de pago, el jugador tiene que recurrir a la familia para poder enfrentar la situación económica por las deudas que contrajo en el juego. Entra en un estado de pánico; tiene crisis general en todas sus áreas, un gran sentimiento de desesperanza, se olvida totalmente de la familia, los amigos, los trabajos y aumenta los riesgos personales por la cantidad de dinero que pierde. Extiende cheques sin fondos y recurre a prestamistas. Ha perdido totalmente sus valores. Se vuelve irritable, nervioso. Algunos ya están divorciados o en trámites de divorcio. Es rechazado por todo el mundo, sufre de remordimientos, pérdida de autoestima e inseguridad. Está totalmente agotado y tiene fantasías de volver a ganar como en la primera fase. Su vida es muy desagradable. En este punto el jugador sólo tiene cuatro alternativas: el suicidio, la cárcel, escapar o pedir ayuda.


Recientemente se puede añadir a las fases anteriores una cuarta: la del abandono, en donde el jugador cree que nunca podrá dejar de jugar, e incluso sabiendo que no va a volver a ganar sigue jugando, juega hasta quedar totalmente agotado.


Dejar de jugar sí es posible, cuando el jugador se convence y acepta que el juego solamente lo ha llevado a una vida de desesperación y sufrimiento y que puede dejar atrás esas etapas tan dolorosas de su vida, efectuando un cambio, convencido de que, ganador o perdedor, siempre terminará arruinado, tanto física como moralmente.


Lograr el cambio es difícil, pero no imposible. El vacío existencial que tiene el jugador puede ser llenado con actividades positivas y tranquilas, donde encontrará salud y paz mental.


¿Qué podemos hacer por ellos? Podemos reforzarlos para que se reencuentren consigo mismos, estimularlos, comunicarnos ampliamente con ellos, relacionarnos con ellos adecuadamente, comprenderlos, para que inicien la fase de su recuperación.


Recuperación
En esta etapa, el jugador busca ayuda encontrándola en:
1. Un grupo de autoayuda (Jugadores Anónimos).
2. Cambio de actividades (Actividades Recreativas)
3. Terapia especializada.
4. Reforzamiento positivo de autoafirmación.
5. Reforzamiento Constante por Avance en Recuperación
6. Todo problema tiene solución.
7. Descubrir conductas alternativas
8. El cambio es posible
9. Si ocurre una recaída, puede remontarla.
10. Busque apoyo a su alrededor, siempre habrá quien le tienda la mano.




Para cualquier información comuniquese al
(011) 15 4412-6745
Jugadores Anónimos de Argentina

Grupo de autoayuda sin ninguna
vinculación religiosa o política.

www.jugadoresanonimos.org.ar


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